La geometría de las esferas celestes y el misterio del destino: Historia exhaustiva de la astrología y la astronomía iraníes
Desde la cosmología antigua hasta el renacimiento científico en la era islámica
Resumen
La historia de la relación del ser humano iraní con el firmamento constituye un relato milenario sobre la tensión entre el «cálculo matemático» y la «búsqueda del destino». En el ámbito de la civilización iraní, dos disciplinas distintas florecieron a la par, aunque siguiendo derroteros diferentes: la «astronomía» (ciencia de la configuración celeste o ilm al-hay’a, matemáticas y zījes), de carácter empírico, observacional y geométrico; y la «astrología» (astrología judiciaria o aḥkām al-nujūm), que, al vincular el movimiento de los astros al destino humano, desempeñó un papel preponderante en las cortes monárquicas.
A diferencia de ciertas corrientes historiográficas de los últimos siglos que han catalogado este florecimiento científico exclusivamente bajo las etiquetas de «ciencia árabe» o «ciencia islámica», las fuentes históricas primarias demuestran que este período fue la prolongación directa, revitalizada y sistemática de una tradición persa continua, iniciada en las épocas aqueménida y sasánida, y llevada a su cumbre por el genio de los sabios iraníes en la era postislámica.
Sección I: El Irán antiguo; mitología avéstica y cosmología zoroastriana
Los primeros estratos de la concepción iraní del cielo se hallan en los textos avésticos y pahlavis, en particular en el Bundahishn («Creación primordial»). En esta cosmovisión, la bóveda celeste era el campo de batalla perpetuo entre las fuerzas del bien (Spenta Mainyu) y las del mal (Angra Mainyu).
1. Astros sagrados frente a planetas rebeldes
Los antiguos iraníes establecieron una distinción asombrosa entre dos categorías de cuerpos celestes:
- Estrellas fijas (Ajtarān): Eran entidades benéficas, ordenadas y divinas que gobernaban distintos cuadrantes del firmamento. Cuatro estrellas prominentes oficiaban de «generales guardianes» de los cuatro puntos cardinales del cielo:
- Tishtar (Sirio): Estrella de la victoria, símbolo de las lluvias y enemiga del demonio de la sequía (Apaozha).
- Sadwes (Canopo): General guardián del mediodía (sur).
- Vanand (Vega): Guardián de occidente y custodio de las puertas cósmicas.
- Haftorang (la Osa Mayor): General del norte, encargado de vigilar el portal de las fuerzas ahrimánicas.
- Planetas errantes (Abajtarān): Los siete cuerpos en movimiento (el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) recibían en las fases tempranas del zoroastrismo el nombre de Abajtar («salteadores del cielo»). Su trayectoria impredecible en contraste con las estrellas fijas perturbaba el orden cósmico establecido por Ahura Mazda (si bien, con el tiempo, el Sol y la Luna alcanzaron un estatus sagrado particular).
2. La asimilación del saber babilónico en las épocas aqueménida y arsácida
Tras la entrada de Ciro el Grande en Babilonia en el 539 a.C., las tradiciones astronómicas y los sistemas calendáricos caldeos se fundieron con el pensamiento iranio (Iranshahr). El calendario avéstico se reformó mediante los datos observacionales de Babilonia y, tras las conquistas de Alejandro y durante el período arsácida (parto), se integraron también los fundamentos de la escuela astronómica helenística.
Sección II: El período sasánida y el surgimiento de la Academia de Gondeshapur
La época sasánida marcó un punto de inflexión en la institucionalización de la «astronomía oficial». Soberanos como Sapor I y Cosroes I Anushirván promovieron una política de apertura científica:
- La Academia de Gondeshapur (Jundishapur): Tras la clausura de la Academia de Atenas por orden del emperador bizantino, este centro se convirtió en refugio de filósofos, médicos y astrónomos griegos, siríacos e indios. Allí se tradujeron al pahlavi obras astronómicas en sánscrito (los Siddhantas) y en griego (el Almagesto de Ptolomeo), integrándose con el conocimiento autóctono.
- El Zīj-i Šahriyār (Tablas reales): Los astrónomos sasánidas compusieron en pahlavi precisas tablas de cálculo que registraban el calendario real, los eclipses solares y lunares y las efemérides planetarias. Este zīj se convertiría más tarde en la fuente base fundamental para los astrónomos de Bagdad.
- Astrología estatal y profecía política: Los sasánidas sostenían que la preservación del Farr-e Izadi (la gloria divina o carisma real) estaba ligada a la configuración del firmamento. Figuras como Yamasp (Jāmāsp), en la literatura zoroastriana, personificaban este lazo astrológico con el destino de las dinastías.
Sección III: Relectura de un malentendido histórico: ¿por qué «tradición científica iraní»?
Con la llegada del islam y la instauración del califato abasí, se produjo un salto cualitativo en la preservación y el desarrollo de las ciencias. No obstante, en numerosas fuentes modernas este fenómeno se ha atribuido de manera exclusiva a los árabes o al ámbito confesional islámico. Un análisis riguroso de la estructura de dicha época pone de manifiesto varias realidades fundamentales:
1. El testimonio explícito de Ibn Jaldún
El célebre historiador y sociólogo Ibn Jaldún escribió en su Muqaddima (Los Prolegómenos), dentro del capítulo titulado «Sobre el hecho de que la mayoría de los portadores de la ciencia en el islam eran no árabes / persas (Ajam)»:
«La mayoría de los portadores del saber en la comunidad islámica, tanto en las ciencias tradicionales como en las racionales, fueron persas... Todo sabio que sobresalió en la gramática, la jurisprudencia, la teología dogmática, la medicina, las matemáticas, la filosofía y la astronomía, o bien era de linaje persa, o bien se había formado en el seno de la cultura persa».
2. La lengua árabe como lingua franca, no como delimitador étnico
La redacción de textos científicos en árabe obedeció a una dinámica idéntica al uso del latín durante el Renacimiento y la Revolución Científica en Europa. Del mismo modo que las obras de Isaac Newton, René Descartes o Johannes Kepler no se consideran «romanas» por estar escritas en latín, los tratados de Avicena, Al-Biruni o Al-Juarismi no deben disociarse de su identidad y genealogía intelectual iraníes por haberse redactado en la lengua académica imperante. Cabe resaltar que figuras como Al-Biruni y Avicena escribieron por primera vez tratados científicos enciclopédicos en persa moderno (fārsī-ye darī) —como Kitāb al-Tafhīm y el Dāneshnāmeh-ye ‘Alā’ī— con el fin deliberado de convertir su lengua materna en vehículo del pensamiento científico.
3. Los arquitectos del intelecto en la corte abasí
El califato omeya, de marcado cariz arabocéntrico, apenas concedió espacio al desarrollo científico general. Sin embargo, con el ascenso del califato abasí —llegado al poder gracias al apoyo decisivo de los jorasaníes— se restauraron la administración y la burocracia sasánidas:
- La familia de los Barmécidas (oriundos de Balj): Visires persas de la corte de Harún al-Rashid, impulsores principales del movimiento de traducción y fundadores de la célebre biblioteca de la «Casa de la Sabiduría» (Bayt al-Hikma).
- El horóscopo fundacional de Bagdad (762 d.C.): Para la fundación de la nueva capital, el califa Al-Mansur encomendó la determinación del día y la hora más propicios a Nowbajt Ahvazi (astrónomo de la corte de origen zoroastriano) y a Masha’allah ibn Athari (astrónomo persa de fe judía), a fin de fijar una carta astral favorable mediante rigurosos cómputos astrológicos.
Sección IV: La escuela astrológica irano-islámica; la teoría de las «conjunciones» (Qirānāt)
Más allá de la astrología natal o individual, los eruditos persas estructuraron una doctrina singular de «astrología histórica» que gozó de proyección universal:
- Abu Ma'shar al-Balkhi (Albumasar): Conocido en Occidente como Albumasar, fue el más influyente teórico de la astrología judiciaria durante la Edad Media. Su magna obra, Kitāb al-Mudkhal al-Kabīr, sintetizó los principios astrológicos sasánidas e indios con la cosmología aristotélica. La traducción latina de sus escritos influyó profundamente en figuras como Roger Bacon y Santo Tomás de Aquino.
- La teoría de las conjunciones (Qirānāt): Fundamentada en tradiciones sasánidas, postulaba que los alineamientos periódicos de los dos planetas mayores, Júpiter y Saturno (la «gran conjunción»), determinaban los grandes acontecimientos del orbe terrestre:
- Conjunción menor (cada 20 años): Mutaciones en liderazgos locales.
- Conjunción media (cada 240 años): Traspaso del poder de una dinastía a otra.
- Conjunción mayor (cada 960 años): Aparición de un nuevo profeta o el colapso definitivo de una civilización.
Este paradigma histórico influyó en la visión historiográfica de cronistas como Al-Tabari, Al-Masudi e Ibn Jaldún.
Sección V: El esplendor de la astronomía empírica, las matemáticas y la instrumentación
Al tiempo que la astrología procuraba prestigio y prebendas en las cortes, la élite científica persa sentaba las bases de la astronomía matemática moderna:
Tradición astronómica iraní
├── 1. Registro y cartografía: Abd al-Rahman al-Sufi (Suwar al-Kawakib y el registro de la galaxia de Andrómeda)
├── 2. Cronología matemática: Omar Jayam de Nishapur (Calendario Jalalí, con menor margen de error que el gregoriano)
├── 3. Geometría esférica y crítica a Ptolomeo: Nasir al-Din al-Tusi (Observatorio de Maragha y la «pareja de Tusi»)
├── 4. Cálculo numérico de precisión: Ghiyath al-Din Jamshid al-Kashi (Observatorio de Samarcanda y fracciones decimales)
└── 5. Física y metodología: Abu Rayhan al-Biruni (Cálculo del radio terrestre y crítica empírica de la astrología)
- Abd al-Rahman al-Sufi al-Razi (siglo X d.C. / IV d.H.): Su célebre Libro de las estrellas fijas (Kitāb Ṣuwar al-Kawākib) enmendó el catálogo ptolomeico. Por primera vez en la historia humana, registró la presencia de la nebulosa de Andrómeda (la galaxia de Andrómeda) a simple vista, catalogándola como una «pequeña nube».
- Omar Jayam de Nishapur (siglo XI d.C. / V d.H.): El diseño del Calendario Jalalí, llevado a cabo por él y su equipo, dio origen al sistema solar más exacto conocido; con un margen de error de un solo día cada 5.000 años, superando con creces la precisión del posterior calendario gregoriano.
- La escuela de Maragha y Nasir al-Din al-Tusi (siglo XIII d.C. / VII d.H.): El Observatorio de Maragha constituyó el primer instituto de investigación astronómica a gran escala, dotado de instrumentos gigantescos, una biblioteca con más de 400.000 volúmenes y financiación autónoma mediante dotaciones de bienes habices (waqf). Al-Tusi concibió el artificio geométrico conocido como la «pareja de Tusi» (Tusi couple), que resolvía las incoherencias del modelo de ecuante ptolomeico; un mecanismo cinemático que Nicolás Copérnico emplearía directamente dos siglos más tarde en la formulación de su modelo heliocéntrico.
Sección VI: Racionalidad crítica: la línea divisoria entre ciencia y pseudociencia
El mayor mérito de la tradición científica persa radicó en que muchas de sus mentes más brillantes, a pesar de la atmósfera crédula y supersticiosa de las cortes, rehusaron confundir la astronomía con la astrología y refutaron abiertamente la adivinación estelar:
- Avicena (Ibn Sina): En su tratado Ibṭāl Aḥkām al-Nujūm («Refutación de los juicios astrológicos»), argumentó mediante la física y la lógica que los cuerpos celestes están demasiado distantes y obedecen a dimensiones cósmicas inconmensurables como para determinar contingencias individuales de la Tierra, tales como la enfermedad, la fortuna, la desdicha o la riqueza de un individuo.
- Abu Rayhan al-Biruni: Aunque compuso Al-Tafhīm para instruir en las nociones de la época sobre astronomía y astrología, declaró de forma tajante al cierre de la sección astrológica y en su obra Al-Āzār al-Bāqiya:
«Las sentencias de la astrología reposan sobre conjeturas y estimaciones, careciendo de cimientos firmes; es un oficio urdido principalmente para complacer a los reyes y resulta incompatible con la demostración científica».
- Al-Farabi: En su obra Iḥṣā’ al-‘Ulūm («La clasificación de las ciencias»), dividió el estudio de los cielos en dos campos taxativamente diferenciados: la «astronomía matemática», a la que catalogó como saber apodíctico, sólido y digno de encomio, y el «arte de los juicios astrológicos», al que despojó de todo valor demostrativo.
Conclusión y legado perdurable
La astrología y la astronomía en Irán reflejan la evolución del pensamiento humano en dos vertientes complementarias:
- La astrología representó el afán de las sociedades tradicionales y sus gobernantes por aplacar la incertidumbre ante el porvenir y encontrar un orden inteligible en los avatares de la historia, lo cual dio lugar a un rico acervo literario y a refinados métodos de cálculo.
- La astronomía, en cambio, encarnó la racionalidad continua y el legado intelectual autóctono de Irán; una tradición capaz de regenerarse a sí misma tras invasiones devastadoras (desde las incursiones mongolas hasta el colapso de sucesivas dinastías) y proyectar su magisterio sobre el mundo.
En la actualidad, desde los numerosos nombres de estrellas que conservan étimos persas o sus adaptaciones (como Aldebarán, Altair o los Farcadán), pasando por los astrolabios preservados en los museos del mundo, hasta la precisión inigualable del calendario solar persa y los teoremas geométricos de Maragha, todo ello constituye el testimonio vivo de un legado que, si bien se redactó durante un largo período en lengua árabe, tuvo su raíz, su empírica, su geometría y su arquitectura intelectual en la milenaria meseta de Irán.